En esta página se analiza otra imagen oculta por Leonardo da Vinci mediante técnicas de ilusión óptica. Se trata de una figura comúnmente llamada el diablo, mencionada explícitamente en un pasaje del Tratado de la Pintura.
La imagen está ocultada principalmente mediante una técnica de variación tonal y, en parte, mediante una organización intencional de la figura de fondo. La figura en primer plano presenta un tono base relativamente uniforme, mientras que el rostro oculto emerge a partir de diferencias tonales mínimas dentro de la forma del cordero.
Estas ligeras variaciones cromáticas impiden una percepción inmediata, pero son suficientes para construir una figura coherente cuando se observan con atención. Una simple lectura por umbral tonal permite hacer legibles los detalles del rostro: una figura de rasgos vagamente humanos y monstruosos, con orejas peludas que adquieren forma de cuernos.
Lo que, en la lectura iconográfica primaria, corresponde a la pata anterior del cordero, puede interpretarse, en una lectura secundaria, como un muslo que la figura monstruosa parece devorar. Considerada la naturaleza desacralizante de esta transformación — el cordero es, en la obra, el compañero de juego del Niño — y las características morfológicas del rostro, la imagen ha sido identificada como el diablo.
Un eco textual de esta interpretación aparece en el Tratado de la Pintura, donde Leonardo afirma que, en manchas y formas confusas, se pueden reconocer también «cosas monstruosas, como diablos y cosas semejantes». El uso del plural sugiere que estas imágenes no constituyen un caso aislado, sino que forman parte de una práctica más amplia de invención figurativa.
Para observar correctamente esta imagen, es necesario girar la obra 90° en sentido antihorario (véase la página Cómo observar las imágenes ocultas). La parte principal del rostro se sitúa en la zona del cordero comprendida entre la pierna derecha y el pie izquierdo del Niño; en esta configuración, la pata del cordero puede leerse como separada del cuerpo e incorporada a la figura monstruosa.
La imagen base reproduce el detalle tal como aparece en la documentación fotográfica del Musée du Louvre.
En la obra original, la zona es más legible
que en la fotografía digital, que tiende a comprimir
las variaciones tonales en los pasajes más oscuros.
Al pasar el ratón (o mantener pulsado en pantalla táctil),
se puede mostrar una superposición de apoyo,
obtenida mediante un reequilibrio global de los valores tonales
y la aplicación de una máscara selectiva.
Las zonas en blanco indican únicamente las partes
que no deben considerarse en la lectura,
y no constituyen contornos ni añadidos gráficos.
En la técnica del sfumato,
los límites nunca están rígidamente definidos:
la figura se construye mediante variaciones de luz, sombra
y continuidad volumétrica.
La superposición tiene, por tanto, una función puramente analítica.
La legibilidad de la figura no depende solo de la sugerencia del perfil, sino de la presencia de detalles coherentes que mantienen relaciones volumétricas y tonales compatibles con una estructura figurativa intencional. Entre ellos, el ojo (a nuestra derecha) y la dentición, en relación con la pata del cordero, son especialmente relevantes.
El detalle resalta el ojo izquierdo de la figura,
legible a nuestra derecha.
Se distinguen la cavidad orbitaria,
la zona de sombra superior asimilable al párpado,
y un punto más claro correspondiente al reflejo luminoso.
La orientación del ojo,
coherente con la inclinación general del rostro,
contribuye a estabilizar la lectura volumétrica de la figura.
En la parte inferior del rostro, los dientes son visibles,
dispuestos en secuencia a lo largo del borde oral.
En esta configuración, la pata del cordero
asume el papel de muslo
que el monstruo está comiendo.
La relación entre dientes, sombras internas
y masas circundantes
genera un efecto de profundidad coherente
con una boca abierta,
integrada en la continuidad tonal de la pintura.
(A la izquierda se ve la reproducción tal como aparece, sin intervención de alteración de la imagen. El óvalo tiene la única función de indicar el área donde se sitúa la figura. En esta zona, Leonardo utiliza un tono apenas más oscuro que el tono base para construir las líneas esenciales y las sombras que caracterizan el rostro oculto.)