En el Tratado de la pintura, Leonardo da Vinci invita al pintor a no despreciar el acto de detenerse a mirar, dejándose estimular por las manchas de los muros, la ceniza del fuego, las nubes, los barros y otros lugares semejantes. En estas formas accidentales, el ingenio puede reconocer imágenes y figuras, según un mecanismo que hoy llamaríamos pareidolia.
En tales formas es posible identificar composiciones de batallas, figuras de animales y de hombres, paisajes y cosas monstruosas. Sin embargo, Leonardo distingue este momento inicial de la verdadera invención pictórica: lo que nace de la percepción accidental debe ser transformado intencionalmente e insertado en la pintura. Las invenzioni mirabilissime (expresión de Leonardo) no son simples reconocimientos visuales, sino imágenes deliberadamente figuradas, integradas en la composición y completas en los particulares necesarios, de modo que resulte reconocible la intervención consciente del artista.
Leonardo distingue claramente entre aquello que el ojo puede captar por azar en las cosas confusas y aquello que el pintor debe, en cambio, reducir a una forma íntegra y correcta.
Las manchas, las nubes, los muros y los barros pueden sugerir imágenes, pero —como advierte Leonardo— «no enseñan a terminar ningún particular». La diferencia decisiva no está, por tanto, en ver algo, sino en saber construirlo.
Leonardo establece una condición preliminar que precede a cualquier invención posible: el artista debe saber primero hacer bien los miembros de hombres, animales y paisajes (piedras, plantas y cosas semejantes).
Con esta afirmación, Leonardo no se refiere a una habilidad parcial, ni a un ejercicio aislado de fantasía, sino al pleno dominio del dibujo y la pintura. Saber hacer los miembros significa saber construir formas en el espacio, gobernar proporciones y relaciones, la luz y la sombra, y llevar una figura a su culminación.
Los miembros constituyen así el filtro racional que separa el accidente del arte. Sin el conocimiento de las estructuras, de la construcción volumétrica y de las relaciones espaciales, la imagen permanece confusa; con ello, el indicio accidental puede convertirse en invención.
De ello se deriva una consecuencia metodológica clara: antes de poder utilizar las invenzioni mirabilissime, el artista debe simplemente saber pintar bien. Quien no posee este dominio permanece en el nivel de la mancha; quien lo posee puede transformar el indicio fortuito en una forma acabada y digna de honor.
En la pintura de Leonardo, en el «sfumato», los contornos de las figuras nunca están rígidamente delimitados, y ello favorece la aparición de perfiles e imágenes secundarias. Esta característica hace posible identificar formas y figuras incluso allí donde no han sido necesariamente construidas como imágenes autónomas.
Pero un criterio práctico de verificación consiste en el control de los particulares necesarios. Una verdadera invenzione mirabilissima resiste una observación cercana: los detalles son coherentes con una lógica anatómica, natural y luminosa.
Si los particulares no existen, no están estructurados o no mantienen relaciones coherentes, la imagen es con toda probabilidad una simple pareidolia.
Un punto metodológico decisivo es que las invenzioni mirabilissime, cuando realmente lo son, nunca aparecen como imágenes planas o gráficas. Se presentan como volúmenes, construidos mediante la luz, la sombra y la gradación tonal.
Un rostro reconocible como invención intencional nunca es una simple silueta: muestra una estructura tridimensional coherente, con planos, entrantes, relieves, sombras proyectadas y transiciones de luz compatibles con una forma real en el espacio.
Este aspecto es fundamental, porque aclara que, en la práctica de Leonardo, no existe ninguna separación entre pintar «normalmente» e insertar invenzioni mirabilissime.
Las invenzioni mirabilissime no son elementos añadidos, ocultos o ajenos a la pintura: forman parte del mismo proceso constructivo mediante el cual Leonardo modela cuerpos, paisajes y figuras.
La pintura es una sola. Las invenzioni mirabilissime no constituyen un lenguaje separado, sino una manifestación interna del mismo acto de conocimiento, cuando el ingenio reconoce, organiza y refina formas nacidas del accidente.
Entre las imágenes ocultas identificadas, la presencia recurrente del autorretrato del artista adquiere una importancia particular. Desde el punto de vista metodológico, el autorretrato constituye un caso altamente significativo, ya que la reconocibilidad del estilo y de los rasgos del rostro hace evidente el carácter intencional de la imagen. No se trata, por tanto, de un episodio aislado, sino de un elemento consciente de relación entre Leonardo y sus obras, cuyo análisis se desarrollará en las páginas siguientes.
La verificación se lleva a cabo mediante la comparación directa entre las figuras identificadas y las obras atribuidas con certeza a Leonardo, consideradas en sus aspectos formales y estilísticos. A ello se añade la presencia de un significado coherente y no arbitrario de la imagen oculta, aspecto que será abordado en una sección posterior de la investigación.
Entre las características que se observan con frecuencia en las invenzioni mirabilissime se encuentra la representación de un solo ojo: a veces mediante la definición del ojo derecho, con el otro apenas insinuado; otras veces mediante una representación de perfil de la figura.
El honor del que habla Leonardo no consiste en hacer aparecer simplemente una imagen, sino en un resultado mucho más alto: la invenzione mirabilissima se inserta en una forma ya correctamente construida.
Una colina sigue siendo una colina, una montaña sigue siendo una montaña, un cordero sigue siendo plenamente tal. La forma primaria no es deformada ni sacrificada.
Y sin embargo, observada según una orientación distinta de la imagen, la misma forma puede convertirse en un rostro, un retrato, una figura reconocible.
El honor reside precisamente en esto: haber sabido construir una forma real tan sólida y coherente que pueda sostener múltiples lecturas, sin perder su identidad.
No existen dos pinturas, ni un nivel «normal» y uno «secreto». Existe un único acto pictórico, tan sólidamente fundado que puede generar invenzioni mirabilissime sin dejar de ser pintura.
Sobre la base de los criterios aquí adoptados, una invenzione mirabilissima es únicamente aquella que:
En este punto, el pensamiento de Leonardo es claro y está textualmente fundado: el honor no procede del simple ver, sino de saber construir la forma.
En las páginas siguientes, las imágenes se analizan aplicando los criterios metodológicos aquí descritos.